Oid Mortales

De Croacia a España. De España a la Argentina. De Argentina a Austria y de Austria a toda Europa. Estas memorias son un viaje sin precedentes que recrea, con absoluta fidelidad, la vida singular de Marcos Pejacsevich, Caballero de Honor y Devoción de la Soberana Orden de Malta.

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«Su vida es un constante desafío, y ese desafío es contra el destino, contra las circunstancias históricas, contra su propia vida; con su personalidad y por eso creo que uno de sus últimos grandes desafíos justamente son estas memorias, que son un ejercicio de contarse a sí mismo y revelarse a sí mismo»

 

Clara Mariño. 

Periodista

Acerca del libro

Nacer en un castillo, en el seno de una de las familias aristocráticas más importantes de Croacia, y dejarlo detrás. Vivir en Madrid, en plena Segunda Guerra Mundial. Cruzar el océano para empezar de nuevo en un país remoto. Ser testigo de momentos trascendentales de la historia argentina reciente, como la Guerra de Malvinas y el retorno de la democracia.

“Oíd, mortales”, es mucho más que las primeras palabras del Himno Nacional Argentino. Es una invitación a conocer la vida de Marcos Pejacsevich. Una vida colmada de peripecias, unas memorias que reflejan la singular existencia de un hombre valiente, fuerte ante la adversidad y decidido a proyectar y vivir al máximo cada uno de sus días.

CAPÍTULO 1:

El Fantasma

Agosto, 1976

 

El que quiera correr que corra; el que quiera gritar que grite; quien quiera quedarse mudo, mudo se quedará, sin que yo lo impida; el que no lo resista puede llorar o buscar dónde esconderse. No está en mí juzgar de qué manera reacciona cada uno frente a un fantasma. Por suerte, la secretaria del abogado no dijo nada cuando me vio. No corrió, no gritó ni lloró. Eso sí, se puso pálida cuando le dije quién era, tan pálida como si hubiera visto a un fantasma.

Su jefe, el abogado, apareció casi al mismo momento y también me miró asombrado, por sobre los anteojos, como si tuviera que definir si yo, de pie en medio de su oficina, fuera una persona real, una ilusión óptica o un resucitado.

—¿Usted quién es? preguntó, y sin mediar respuesta, arremetió—: ¿Qué quiere?

—Soy Marcos Pejacsevich.

Al escuchar mi nombre, una de las carpetas que sostenía en sus manos cayó al suelo. Ni siquiera atinó a levantarla. La secretaria lo miró, sin saber qué hacer, si levantar la carpeta, llamar a la policía o esperar órdenes de su jefe. Era la última hora del día.

—¿Usted sabe que la policía puso precio a su cabeza? —preguntó el abogado—. ¿Es usted el famoso hombre de apellido europeo que hasta la Marina quiere capturar? ¿No sabe usted que hay una comisaría acá mismo, cruzando la calle? ¡Si lo están buscando por todos lados! ¡Usted es el hombre que se burló del Himno!

El doctor Marcelo Valotta ordenó a su secretaria:

—Avise a mi familia que voy a llegar tarde hoy. Hable con la gente del bar de acá a la vuelta, que nos traigan algo para comer, unos tostados, unas gaseosas. Se va con la llave y nos deja solos.

Extendió su brazo derecho, invitándome a ingresar al despacho. Obedecí. Cerró la puerta. Tomó posición del otro lado del escritorio, repitiendo la postura de un jugador de ajedrez. Se inclinó hacia adelante, y con los mismos ademanes de quien revela la jugada maestra, susurró:

—Usted corre peligro de muerte. A esta altura, imagino que ya lo sabe. Estuvo su suegro acá, hace menos de una hora. Quiere que tome su causa, pero es muy complicada. La cosa no está para nada bien, y sé que hay gente que quiere verlo muerto. Pero necesito saber, entender bien cómo fue. Si usted quiere que lo ayude a resolver este asunto, me va a tener que contar todo.

—¿Todo? —pregunté.

Su voz se impuso, repentinamente, con autoridad:

—Absolutamente todo. Si voy a defenderlo, necesito saber quién es usted. Su vida entera. Ahora mismo.

Capítulos

Páginas

El libro “Oíd Mortales” está compuesto de dos partes. La primera comprende desde 1940, con el nacimiento de Marcos Pejacsevich en Croacia, hasta sus 36 años en 1976. La segunda, de 1977 a 2020, repasa los aspectos más sobresalientes de su vida personal y profesional viviendo en la Argentina.

COMENTARIOS DE LECTORES

Acabo de terminar el libro. Lo he comentado en voz alta con mi familia. Los últimos capítulos son emocionantes y están bellamente escritos. Va mi agradecimiento más profundo por esta obra de arte.

Javier N.

Me sorprendí ante la escena de Galtieri y las Malvinas, o lo narrado con Menem, impresionante haber estado tan cerca en momentos tan cruciales del país.

Alejandra H. C.

Muy entretenido, sobre todo la parte del Himno, es como un thriller, sentís que lo estás viviendo en carne propia.

Alexis P.

Me emocioné leyendo, me divertí y me sorprendí por tantas historias increíbles. ¡Qué vida! ¡Y qué bien plasmada en estas memorias!

Alejandro V.

No lo pude dejar de leer, desde que empecé. Te felicito, Marcos.

Miguel Ángel M.

¡Qué descripción valiente de una vida!

José P.

Me encantó de punta a punta, una vida a pleno, ochenta años sin desperdiciar un solo minuto.

María C.

Imperdible y entrañable biografía, contada en primera persona y sin tapujos.

 Liliana L.

Acerca del Autor

Marcos Conde Pejacsevich (Osijek, Croacia, 1940) es licenciado en Relaciones Públicas (UADE).

Llegó a la Argentina cuando tenía 7 años y desarrolló toda su vida profesional en el país trabajando para empresas de renombre internacional.

Distinguido con la Gran Cruz de Oro y Estrella al Mérito de Austria en dos ocasiones, fue nombrado ciudadano ilustre de la ciudad de Nasice, condecorado también Caballero de Honor y Devoción de la Soberana Orden de Malta. “

«Oíd Mortales”, su primer libro, reúne las memorias de su vida entre Argentina, Austria y Croacia.

“Así comenzó mi vida, doctor. Con un continente en guerra y un objetivo: burlar a la muerte. Eso hice, a cada paso. Permítame que le cuente cómo.”

Capítulo 2, página 17

“No hay retórica en la fuga. Está la fuga, solo la fuga, impulsada por el deseo íntimo de vivir, y nada más. No hay lugar para ficciones. Todo se reduce al único proyecto posible: estar vivo.”

Capítulo 35, página 186

“Azorado, me dijo:
— Marcos, ¡le diste al presidente de la República! ¿Cómo decís?
— Que acá al lado está practicando Carlos Menem, y acabás de golpearlo.”

Capítulo 53, página 300

“—Tenés que saber que lo que estás planteando es peligroso. Puede funcionar, pero es peligroso.
—Bueno, cuando David enfrentó a Goliath también era peligroso —dije..”

Capítulo 64, página 366

“—¿Usted se animaría a vender tanques?
Lo miré a los ojos y contesté:
—Yo me animo a venderle arena a un árabe en el desierto.”

Capítulo 40, página 224

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